
Playas infinitas y aguas cristalinas
El paraíso del windsurf y el kitesurf, con playas infinitas de arena blanca y aguas turquesas.
Geografía
Fuerteventura, la más extensa de las Islas Canarias tras Tenerife, se encuentra en el extremo oriental del archipiélago, próxima a la costa africana.
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La isla más antigua
Con más de veinte millones de años, Fuerteventura es la decana del archipiélago. El tiempo y el viento han pulido sus volcanes hasta convertirla en una llanura de horizontes abiertos y cielos limpios.
El Parque Natural de Corralejo protege un campo dunar de más de dos mil quinientas hectáreas formado por arena orgánica: conchas y esqueletos calcáreos triturados por el mar durante milenios y arrastrados después tierra adentro por los alisios. A diferencia de otros desiertos, este sistema está vivo y en movimiento continuo, y su color claro contrasta con los conos oscuros del malpaís que lo bordea.
Frente a esa costa emerge el Islote de Lobos, un territorio de apenas seis kilómetros cuadrados donde no hay carreteras ni alojamientos y el acceso está limitado por cupo diario. Debe su nombre a las colonias de foca monje que lo habitaron hasta su extinción local, y hoy es refugio de aves marinas y de una vegetación halófila de gran valor botánico.
En el interior se alza la Montaña de Tindaya, un macizo de traquita con reflejos rojizos considerado sagrado por los antiguos majos. Sus laderas conservan más de dos centenares de grabados podomorfos —siluetas de pies humanos talladas en la roca— orientadas en su mayoría hacia el poniente, donde en días despejados se recorta el Teide.
La ausencia de relieve elevado y de contaminación lumínica ha hecho de Fuerteventura una Reserva Starlight y un observatorio natural del cielo nocturno. La isla entera fue declarada Reserva de la Biosfera en 2009, y su franja marina alberga praderas de sebadal esenciales para tortugas marinas y para la reproducción de numerosas especies pesqueras.
Costas de Contraste
De la salvaje arena negra del norte a las doradas y tranquilas aguas del sur. El Atlántico en todas sus facetas.
Donde empezó la conquista
En Fuerteventura se fundó la primera capital del archipiélago. Sus pueblos de interior conservan iglesias, casas señoriales y molinos que hablan de una isla agrícola y aislada.

Fundada en 1404, fue la primera capital de Canarias y sede del obispado.
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Mansión del siglo XVIII, símbolo del poder militar que gobernó la isla.
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Templo del siglo XVII con una portada de motivos sin paralelo en el archipiélago.
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Betancuria fue fundada en 1404 por el normando Jean de Béthencourt, que eligió un valle interior resguardado de la vista del mar para protegerla de los ataques por sorpresa. Fue capital insular hasta 1834 y sede del primer obispado de Canarias. La estrategia no siempre funcionó: en 1593 una incursión berberisca arrasó la villa y la iglesia de Santa María, que hubo de ser reconstruida sobre sus propias ruinas.
En La Oliva se levanta la Casa de los Coroneles, residencia de los mandos militares que gobernaron Fuerteventura de forma casi señorial durante más de un siglo. Su fachada de dos plantas con torreones en las esquinas y decenas de balcones de madera constituye el mayor ejemplo de arquitectura civil del siglo XVIII en las islas. A pocos metros, la iglesia de la Candelaria conserva un artesonado mudéjar y pinturas atribuidas a Juan de Miranda.
La iglesia de Nuestra Señora de Regla, en Pájara, guarda una de las incógnitas más comentadas del patrimonio canario: una portada de piedra labrada con soles, serpientes, aves y figuras geométricas cuya iconografía se ha relacionado con el arte mesoamericano. No existe consenso sobre su origen, y esa ambigüedad ha alimentado durante décadas el interés de historiadores y visitantes.
Fuera de los núcleos históricos, el patrimonio majorero es sobre todo rural. Los molinos y molinas de viento que muelen el grano del gofio, los corrales de piedra seca, las gambuesas donde se reúne el ganado suelto durante las apañadas y la industria de la cal en hornos como los de Tostón dibujan la memoria de una isla que vivió del campo y del mar hasta bien entrado el siglo XX.
Sabores Únicos
La gastronomía de Fuerteventura destaca por sus quesos, especialmente el majorero, que es uno de los más famosos de Canarias. También son muy típicos el gofio, las papas arrugadas con mojo y los pescados frescos. La cocina majorera es sencilla, pero muy ligada a la calidad del producto local.
La isla tiene una fuerte tradición ganadera, y eso se nota mucho en su gastronomía. El queso de cabra es uno de sus grandes emblemas, y aparece tanto en platos salados como en recetas más elaboradas. También se consumen mucho los productos del mar, que complementan muy bien la cocina de interior.
Fuerteventura conserva una cocina tradicional que refleja su clima seco y su historia de esfuerzo y adaptación. Sus platos suelen ser caseros, nutritivos y muy representativos de la vida isleña. Comer en la isla es también una forma de conocer su identidad cultural.





Sabor Volcánico
Lo más popular
Fuerteventura es una isla para vivirla intensamente, especialmente si amas el deporte y la aventura al aire libre. Sus extensas playas, sus aguas cristalinas y sus condiciones naturales únicas la convierten en un paraíso para el surf, el kitesurf y el windsurf.
Lugares imprescindibles

Descubre los 14 lugares imprescindibles que ver en Fuerteventura: playas vírgenes, volcanes, pueblos con encanto y rincones únicos de esta joya canaria.

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